Pidiendo el ragnarok
Hola, el Innombrable, conocido popularmente como Dios. Mira, mucha gente ha memorizado los libros en los que hacías la promesa de que volverías, y con trompetas, o sea, con parafernalia, restaurarías la verdad y la justicia y pondrías petardos en las asentaderas de los desgraciados que los merecen. De hecho, hablando de estos castigos futuros, se acuñó la frase el llanto y crujir de dientes. Como sabrás, nombre oculto, no hace falta que me presente, toda vez que ya has adivinado, incluso, la negrura de mi corazón al proponer lo que expongo a continuación. El asunto es que unos amigos secretos y yo pedimos que con los guineanos hagas una excepción, y aunque sospechas que la humanidad no ha sufrido lo suficiente, y de ahí que retrasas tu llegada, adelantes este acontecimiento y pongas fin a esto de una vez. Pero, oh innombrable, olvida las fórmulas en que venías de forma velada, y saltaba por ahí una paloma mientras un extraño hijo se paseaba con gente ...