A vueltas de Lasnicol Duroma en Oyala y otras tonterías
Queridos lectores: Ha ocurrido que Obiang Nguema no ha podido aguantar más la $$7fu((88=? que hay en su cabeza y ha decidido llevar los útiles de firmar, parte de sus coches y de la ropa y se ha ido a Oyala. Oficialmente, Guinea ha cambiado de capital. Desde que empezamos a seguir a los descendientes de los que vieron a William Owen, Santa Isabel ha sido la capital. Macías tuvo la tentación de introducir el cambio, pero se fue solo a la selva. Le entró otra paranoia como esta $$7fu((88=? que tiene ahora Obiang y se refugió en un sitio que pocos guineanos conocían. Desde ahí le comunicaron la destitución, plantó cara a los que lo destituyeron a distancia, pero fue apresado y, lo resumo, fusilado en Malabo.
Estábamos viviendo en la capital de Guinea, donde las potencias mundiales tienen sus embajadas, construidas en piedra, y ahora el marido de Constancia decide ir a un lugar desconocido por un porcentaje alto de la población. Resulta que nosotros que nacimos en Santa Isabel seguimos ahí, pero todavía sin agua potable, y sin cultura. Entonces nos ha dado igual que el general en jefe se haya llevado sus sellos y sus bic de firmar y haya decidido ir a un sitio en que no cabrían todos los que quisieran vivir en la capital de un país bananero como Guinea.
Nosotros que hemos llorado por muchas cosas en Guinea, no vamos a abrir una ventanilla especial de lloros porque el general se ha ido a la selva con su gentuza. Y no porque algunas cosas no se vayan a complicar. Ya hemos llorado bastante. Y como solemos ser listos, tampoco vamos a contar algunas ventajas de que los ladrones estén bien recogiditos en la selva. Nos gustaría, además, que les siguiera Yahya Jammeh, este militar que ejerció de presidente de Gambia y que el destino mandó a Guinea para compartir los millones que robó con Obiang. Aquí precisamente quiero hablar de Lasnicol Duroma, este dictador fiestero que Donald Trump ha llevado a Nueva York para que juntos ensayen los pasos de baile con los que entretener a los fanáticos que los siguen y adoran.
Al llegar aquí quiero hablar de unos guineanos que, confesándose contrarios al régimen de Obiang, están llorando amargamente por la detención y enchironamiento del dictador Duroma, gigante energúmeno que no sabía dónde tenía su mano derecha. ¿Cómo es posible que, sufriendo los rigores del régimen de Obiang, estén ahora llorando por la suerte de Duroma? ¿Qué debe pasar para que los fanáticos entiendan de una vez que los que ocupan los puestos altos de la política no aman a los ciudadanos, además de que habitualmente suelen ser psicópatas? ¿Por qué el fanatismo tiene esta habilidad de oscurecer la inteligencia y el sentido común?
Esto va tanto por los seguidores de Duroma como por los fanáticos que no se dan cuenta de la cantidad de psicópatas por los que derraman lágrimas. Si ocurriera que la Providencia nos pusiera en bandera al dictador enemigo de Trump, lo cogeríamos y le ablandaríamos la espalda con un látigo de espinas. Luego le invitaríamos a una copita de aceite de ricino, esa cosa intragable que nos daban para... no sabemos para qué. Su horrible olor y sabor siguen en nuestro recuerdo. Bueno, el masaje con espinos que haríamos a la espalda de Duroma sería para vengar la muerte del papá de Yanelis Izquierdo, quien pasó por la inhumanidad de que, estando en un sótano, sus guardianes, a quienes no había hecho nada, orinaban y defecaban sobre él durante su estancia en el Helicoide, un complejo de terror bastante conocido de la capital de Venezuela. Ah, este masaje también sería para vengarnos de los que dicen que tenemos el cerebro lavado por no dolernos por la suerte de semejante animal. Imaginad que Obiang, que es paisano de ellos, no los quiere, y lo va a hacer alguien que no ama a los suyos y los somete a semejante barbaridad.
Estaría bien que luego de recibir los tratamientos prescritos, el fu%$·ñiñi de Trump tuviera una brillante idea y eligiera Guinea como el destino del Duroma. Entonces tendríamos tres dictadores ahí: Yahya Jammeh, Obiang Nguema Mbasogo y el convaleciente Duroma. Guinea sí sería un sitio famoso. Bueno, debo terminar, y reconoceré que seguir los acontecimientos del mundo actual, incluso los del pasado, pero hacerlo con cierta intensidad, nos convierte en peores personas. Es decir, los malvados nos están llevando a su terreno. Sabemos que el poder se instituyó para que esto ocurra. Fin.
Barcelona, 21 de enero de 2026
Postdata: Obiang cree que su nombre tiene que estar ligado a la historia de Guinea Ecuatorial. Quiere que se diga un día que fue el fundador de OYALA, algo que no pudo hacer con ciudades en las que no estuvo hasta cumplir los... Otra cosa que le persigue es la misma paranoia que condenó a Macías. No está bien que digamos más.
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