Obiang y los cien prepucios de David
En la Biblia,
libro que millones de personas tienen por santo, inspirado, por ello, por el
mismo Dios, o dios, cuentan la historia de David, quien, habiendo puesto sus
ojos en la hija del “rey” Saúl, recibió de éste el requerimiento de que sus
ansias casaderas serían satisfechas si entregara en palacio, o donde fuera, 100
prepucios de los supuestos enemigos de este rey. Como este artículo lo escribo
sobre Guinea y allá muchos apenas hablan español, aun fueran altos cargos,
tengo que aclarar que prepucio es la piel que cubre el pene, llamado
técnicamente miembro viril masculino, en personas no circuncidadas. Es decir,
lo que quería Saúl, rey entre comillas, y a juzgar por la peregrina petición,
es que el jovencito aspirante al corazón de su hija, quien sería una muchacha
que iría tapadita como todas las mujeres de aquella época y región,
circuncidara por la brava a cien hombres y le mostrara los resultados. Y veamos;
los que me leen, muchos desde Singapur, deben ser adultos, entonces deben
entender de inmediato que salvo que hagas una campaña de muchos días, y con
millones de bitcoin metido, no puedes convencer a cien personas de que se dejen
circuncidar para cumplir el requerimiento de ser tan malvado.
La historia de
la que hablamos, y la conocen millones de cristianos, aunque hacen como si no,
termina en que David, una persona central en la historia del cristianismo,
tenido como ejemplo de muchísimas virtudes, presentó al rey entrecomillado 200
prepucios. Bueno, ¿está claro lo que dijimos de que no hubo campaña con
millones de bitcoin? Lo que quisimos decir es que el futuro ascendiente de
Jesús pasó por la espada a doscientas personas para satisfacer las exigencias
del ya mentado tres veces, esperando tapadita la princesa. Es decir, sería una
princesita que no pondría mala cara a la barbaridad cometida por su
pretendiente. Pero esta historia, que cualquiera puede creer que es
espeluznante sin que se le tache de nada, se cuenta no solamente porque tantos
millones creen que es palabra de Dios, sino porque es un clásico ejemplo de
cómo, abrigado por los jerarcas de las religiones, los que mandan creen que
están siguiendo los designios de Dios. Es decir, cuando en Guinea veis que el
obispo de Malabo come en el mismo plato que Obiang, algo que puede ser real o
un símil, es porque el obispo le insiste, y lo predica a miles de guineanos,
que el poder viene de Dios. Y muchos hombres, mujeres, niños y niñas guineanos
creen en ello y lo dicen, viviendo como mendigos, o casi, en Guinea. Y como también deben
saber que un rey, o jefe, puede verse necesitado a cometer una barbaridad como
traer 200 prepucios a quien se lo pida, cierran la boca a todas las
barbaridades que ven cometer y están dispuestos a cometer otras con tal de
merecer un puesto al lado de la mesa del jefe. Y lo hacen.
Sí que lo
hacen, envalentonados por la convicción de que, siendo persona elegida por
Dios, todo lo que se puede hacer por él está justificado. Y así hemos vivido
los casos de malvados por cuenta propia como Ondo Ela, Efe Pulé, Cayo
Ondo, y otros tantos que se ensañaron con los supuestos enemigos de los que
ocuparon la silla en dos etapas guineanas que parecen ser la misma. Efe Pulé
fue juzgado por la muerte de un tal Julián, profesor; los otros tantos
torturadores que ha parido Guinea murieron de viejos o descuidados por el mismo
poder cuando dejaron de entregar su cupo de prepucios.
Para qué,
pues, escribimos esto. Para recordar a la gente presuntamente inocente que por
más que la Asamblea General de la ONU estuviera controlado por malvados, nadie
sería capaz de sugerir que la Biblia presidiera ninguna reunión de los
emisarios de los países o que se hiciera alguna votación poniendo por testigo a
ningún dios, por más de que en algunos países, de estos que todavía quieren
parecer añejos, los juramentos todavía se hacen poniendo la mano sobre la
Biblia. Lo que no saben aquellos, en países de los que se podrían llamar
democráticos, es que estas mismas apelaciones divinas se hacen para justificar
que cualquier jefezuelo de medio tiro pueda exigir que se le presente un número
indeterminado de prepucios como rendición de tributo, a sabiendas de que, con
el olor de incienso, el obispo de turno sabrá repetir hasta la saciedad que
todo poder viene de Dios. Que nos perdonen ahora las personas de buena fe,
estudiosos, filósofos y sociólogos que siguen creyendo que la práctica de la fe
es inherente a la naturaleza humana, pero hemos de decirles, y a las
monaguillas que dedican la vida de su familia a servir a los sotanados, y en
Guinea Ecuatorial, que la práctica de la fe cristiana, o las selváticas, nos ha
dejado hechos papilla. Es decir, dispuestos a ofrecer un testículo si las
circunstancias lo exigen porque ahí fuera, donde sea, habrá un corillo de
personas, alguna con tiara, que dirá que todo ocurre por designios de
Dios, y que viva, cuando sea el caso, el
presidente vitalicio Obiang, y que Dios ilumine a su hijo, aunque hasta ahora
no lo ha hecho, que conste.
Barcelona, 30
de setiembre de 2026
Posdata
1: Si todavía hay gente bienintencionada cree que la Biblia es palabra de Dios,
y estamos a la fecha que justifica la postdata, entonces podemos concluir que
conscientemente deben saber que Dios no es una entidad buena, o no nos ha
traído nada bueno.
Posdata 2:
En consecuencia, creer en Dios no te exime de ser una persona execrable. Ah,
Dios no ha tenido tiempo tampoco de iluminar al padre, el vitalicio, a no ser
para idear un plan maquiavélico para asaltar el poder en Guinea Ecuatorial. Y
así estamos.

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