Puño cerrado, madre negra, última novela.
Antes de que que mi madre me haya traído al mundo, se llama Luisa Laurel, existía un hombre llamado Pablo del que empecé a oír cuando ya había terminado el bachiller. O antes. Bueno, el bachiller lo terminé con bastante edad, y simplemente porque en Guinea, y cuando nacimos, no existía aquello de que te dieras prisa con las cuestiones de saber. Pues hablaban de un tal Pablo, que era annobonés, que había sido el mejor boxeador que había tenido la Guinea Ecuatorial entera, y con el permiso de Kid Fumanchú o cualquier púgil pamue que tuvo la suerte de pisar la misma arena que él. Cuando lo conocí a Pablo, en Annobón, ni mi abuela me había dicho que aquel hombre había sido lo que cuento. Y mi abuela materna sí estuvo en una situación para haber sabido, y mucho, o bastante, de la historia de los puños de Pablo. (Ahora que hablo del renombrado boxeador, pienso que había alcanzado aquella fama porque nunca lo pusieron a boxear con un español, que sería colono o hijo i...