SIN REMEDIO, GUINEA SE CUBANIZÓ
Estos días, y desde que se le dobló la rodilla a Obiang, estamos al tanto del ir y venir de su hijo manirroto Teodoro Nguema Obiang, haciendo que trabaja mucho y que, además, está en contra de la corrupción, contra la cual lucha de manera denodada. Y como no hay nadie que le pida cuentas, ahí estará de rama en rama hasta que lo definitivo ocurra y salte raudo a ocupar el sillón dejado por el ínclito general en jefe. Y se ve a la legua que si ocurriera que tuviera un flaqueo de voluntad de última hora, Constancia Mangue saltaría a la aludida silla sin remilgo alguno, preparadísima ella para luchar con uñas y dientes para defender lo atesorado a costa de los guineanos.
Sabemos que hay gente bien leída y sesuda que no dio nunca un duro por el retoño de la pareja presidencial, pues le consideraban bisoño, aparte de vividor y escaso de luces. Ahora es cuando volvemos a Cuba. ¿Quién supo qué en el país caribeño de los dos que pasaron por ahí? Ninguno de los dos. Castro el barbudo fue un señor tartamudo que supo tapar sus carencias con la costumbre comunista de leer 40 hojas de discurso en cualquier evento. Fue aquel su único aval intelectual. El resto fue su defensa del comunismo, este hecho que le llevó a los brazos de todos los miembros de la Internacional Comunista, cogiendo del brazo, y el cuerpo entero, de quien le ofrecía una mano. Y así sobrevivió. Su hermano, el sucesor uniformado, no dio tantos abrazos, pero aquellos millones ganados a pura filfa había que esconderlos lejos de la rapiña de los enemigos. Además, en el comunismo cubano se tenía tras las orejas el aliento maléfico del Tío Sam, un hecho que convierte a cualquiera en héroe por los siglos, o hasta que los abonados a la tontería digan basta, y por más que sean personas que, al vivir en el extranjero, no hayan vivido jamás los rigores del castrismo en vena propia.
Casas que se caen, falta total de todo suministro, dolor y hambre, oscuridad, tedio y vendas en la boca para no mandar a la mierda a ninguno de la familia a las siete de la mañana en Holguín. Por la radio se cantaría que esta gente que iba nadando en oro oculto se merece el puesto y los relojes suizos porque salvó al cubano medio de la dictadura de un corrupto y ladrón, en el 59. Aquello fue suficiente para no hacer nada más, máxime si los esbirros del Tío Sam están revoloteando y hay que pulir y salvar la doctrina.
En Guinea, otro tanto. Obiang, ínclito general conocedor del español, francés, y portugués, y hecho por el que debería recibir la medalla del domador del romance mediterráneo, no da pie con bola, aunque se apoltrona porque nos salvó de las garras del régimen sanguinario de Masié Nguema Biyogo. El resto, sobra. No hay que saber nada más, no hay que hacer nada más, hay que hacerse con los dineros habidos porque la providencia no es tonta en hacerlos nacer y crecer en el sitio concreto. Entonces, ¿Nguema Obiang sabe algo o no sabe nada, como dicen los que más saben? Es que, es la respuesta, para ser el cabeza de filas de un régimen que se sostiene por designios divinos no hay que saber nada más. Como mucho, tener buen cuerpo para gozar de los bienes concedidos por esta providencia tan pródiga y selectiva. No hay suministro en los hospitales, no hay agua en las casas, el gas se está evaporando, se escasea la comida, la basura se hace presente, y atrae a los mendigos, y estamos a puntito de inclinar la cabeza ante el siguiente de la familia.
A propósito, los fang, muchos, se ofenden cuando los que no son de su etnia les dicen que no solamente copan la lista de todo en la Guinea actual, sino que consiguieron, con su ambición, hacer del país un lugar peor. A lo que responden diciendo que los merecedores de estas acusaciones son los de la provincia de Obiang. Pero habría que decirles de todas todas que para ser de la provincia del “mejor hombre” habría que ser fang.
¿Qué leches hay que hacer ahora que tenemos al alborotador a punto de mermelada? Pues o sacudimos las ramas para que caigan las frutas podridas, a buen entendedor, o seguiremos pasando las de Caín. No parece que haya otra, y sabemos, por lo que vemos de Cuba, que estos regímenes tan largos acaban oliendo tan mal que todo se pudre sin remedio. Bueno, en Guinea no parece que haya nadie entero. Y así no se puede vivir.
Barcelona, 23 de setiembre de 2026
Posdata1: Francamente, no creíamos que a más de 80 años de la segunda guerra mundial íbamos a volver al punto de partida, invocando al demonio para que nos eche una mano para librarnos de los malvados que ha parido.
Postada 2: Cualquier autor de un artículo como este suele volverse apestado en Guinea, pasando por los “pobres mentales”, Obiang los llamó así, hasta los funcionarios de las legaciones diplomáticas, que no quieren malquistarse con el clan que vacía las arcas guineanas. Entonces estamos peor.

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