El Papa León concide conmigo
Que tanta gente poderosa y malvada se haya
proclamado dios a lo largo de la Historia sin
que se inmute el Dios verdadero deja en un
mal lugar a todos ellos.
Este pensamiento lapidario, que se puede encontrar en los umbrales de mi novela Moi Chez Moi, fue el que propició mi intercambio con el Sumo Pontífice. Claro, estaba a punto de tomar un avión que lo llevaría a la finca de Obiang, así que quería conocer de qué lado respiran los que la Providencia ha querido que sepan leer y escribir del país. Diría entonces que alguien le haría leer la cita y, tocado de manera perenne por el Espíritu, habría pensado que su autor podría ser un ateo que no hace alarde de ello. Pero no vacilamos en darle nuestra opinión. Y la misma era que podríamos ser o no ateos, pero no era una situación que nos impedía tener claro algunos asuntos. Lo vamos a abreviar. Estamos con el Papa, o copió de nosotros, en la condena sin paliativos de esto que hemos dado en llamar Inteligencia Artificial.
Y como no es un mero recurso al oportunismo, y no decíamos en uno de los artículos que el mundo estaba yendo al carajo por casualidad, le podremos sobre la mesa una cosa que es una barbaridad como un templo. Por ejemplo, como este templo diseñado por Antoni Gaudí. El asunto es que los que tienen poder ahora mismo, poder por la cantidad de dinero que tienen, van a cualquier país de Asia central, o a la India misma, con sus ríos que son un escándalo, y pagan a los que mandan allá para crear un centro de conexiones cibernéticas por el que el estrés hídrico se acentuaría en ambos lugares, habida cuenta de la inmensa cantidad de agua necesaria para enfriar los equipos.
¿Pero para qué es necesario que haya más conexiones? Pues para que más gente se sienta a sus anchas para desarrollar la dizque Inteligencia Artificial y, habiendo abrazado sin remilgos el camino del mal, sea capaz de hacer montajes en los que pueda ver y sentir cómo se involucran de manera libidinosa con miembros de la familia, como hermanas, hijas, madre, y lo que su enfermiza mente les dé a inventar. ¿Alguien se cree que por esta abominable necesidad miles de personas deban padecer esta peligrosa escasez de agua? Cierto, llamado por los tiempos, hemos acortado la intervención aludiendo al lado inconfesable. Y es por esto que dijimos, y el Papa León lo sabe, que la humanidad ya no necesita inventar absolutamente nada más, ya podríamos seguir con lo ya inventado, y mal uso lo estamos dando a juzgar por el desprecio que padecen millones de personas a manos de los ricos.
La rotundidad con la que hacemos este aserto nos sirve para centrar la atención en varios núcleos urbanos, o rurales, tan peligrosamente masificados que un nuevo orden mundial debería ir tras la idea de crear emplazamientos nuevos tendentes a aliviar ciertas áreas geográficas de su exceso de población, desterrando incluso los sentimientos de patriotismo y el apego a las banderas. Por ejemplo, estos miles de personas que malviven en Nigeria, en La India, en Filipinas, en Bangladés y en demás sitios infames pueden ser asentados en un lugar en que lo acceso a lo básico impediría que siguieran siendo carne de esclavistas. Y sí, bastaría tener una somera información del modo de instalarse de unas comunidades para sospechar que en las mismas hay desalmados tiburones que sacan tajada de la desesperación de otros. Ah, es cierto que hay millones de personas que estarían dispuestas a dejar los sentimientos patrióticos a un lado, o al menos reprimirlos, pero los guardianes de las fronteras, apostados en todos los puntos cardinales del mundo, se lo impiden. Hay, por ejemplo, un órgano ejecutor que reprime esta inhibición patriótica voluntaria llamada ICE, hielo. No hay más que añadir.
Querido León, el Papa. Mira, el hecho de que en el pasado la Iglesia que te ha elegido ha querido imponer sus dogmas a base de cuchillo afilado, o de fuego pretendidamente purificador, hará que los que tienen intereses en lo que se cuece en las ollas cibernéticas acojan con recelo tus recomendaciones. Ahora se ve claramente, Santo Padre, que hay cierta ventaja en hacer creer que lo justo sería que todos fuéramos ateos hasta que nos toque el Espíritu. No hay más.
Barcelona, 27 de mayo de 2026
Posdata: Cada día estamos más preocupados por la capacidad lectora de los ciudadanos. Entonces nos preocupamos de que no sepan entender lo que escribimos. A propósito, este mes que termina tiene interés tanto para los sarracenos como para los católicos, y no debe ser casualidad. Muchos ni se han dado cuenta. Fin.

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