Puño cerrado, madre negra, última novela.
Antes de que que mi madre me haya traído al mundo, se llama Luisa Laurel, existía un hombre llamado Pablo del que empecé a oír cuando ya había terminado el bachiller. O antes. Bueno, el bachiller lo terminé con bastante edad, y simplemente porque en Guinea, y cuando nacimos, no existía aquello de que te dieras prisa con las cuestiones de saber. Pues hablaban de un tal Pablo, que era annobonés, que había sido el mejor boxeador que había tenido la Guinea Ecuatorial entera, y con el permiso de Kid Fumanchú o cualquier púgil pamue que tuvo la suerte de pisar la misma arena que él. Cuando lo conocí a Pablo, en Annobón, ni mi abuela me había dicho que aquel hombre había sido lo que cuento. Y mi abuela materna sí estuvo en una situación para haber sabido, y mucho, o bastante, de la historia de los puños de Pablo. (Ahora que hablo del renombrado boxeador, pienso que había alcanzado aquella fama porque nunca lo pusieron a boxear con un español, que sería colono o hijo imberbe de colono. Sé lo que me digo. Creo que Mar García, también)
De este hombre hablo un poco, casi una mención, en esta novela. Y claro, pegaba tan fuerte que aquella faceta de su vida pasó a la posteridad; esto es, a nuestro quehacer literario. A propósito, en la casa en la que vivía Pablo vivía también la mujer más hermosa que conocí. Sería de mi edad, o algo mayor, no sé, pero nunca supo que la tenía por la más guapa de toda la isla. Ella no sale en esta novela. Sí sale una tal Ana, personaje de película en una historia que se empezó por el final, pero que no se notó. Por esto es una novela que iba para sencilla, pero que tiene elementos de obra grande, grande. Y para que lo descubráis por vuestra cuenta, la tenéis que leer. Y porque creí que iba para obra grande, cambié de editorial para que la misma, la novela, tuviera mucha más luz encima. Y para que un día un entendido la coja y exponga sus costuras, los hechos por los que creo que sí se merecía una editorial nueva.
Tengo que decir que hasta ahora todas las editoriales nos consideraban unos lacayos, y en la manera en la que significa la palabra para ellos. Pero se lo pierden, dicho con franqueza, porque no conseguirán que digamos que por ser negros no salimos al año en el suplemento literario de la BBC, si es que existe. Ah, con una novela distinta, en la que no sale aquella mujer guapa sobrina o hija del mismo Pablo Olivera, fuimos libro del mes ¡¡en Nueva York!! Fue hace unos años, pero no parece que le dieron, y yo, tanta importancia. Y creo que por aquello todavía nos consideran un lacayo. Puede ocurrir, lo digo por primera vez, que alguien se ría el último. Por ahora, esta novela está a vuestra disposición. Ah, toda Barcelona, la que sería de los años en que vivía Olivera, sale en la misma, así que el Ayuntamiento tiene que darse por aludido, que ya está bien. Ya está.
Barcelona, 6 de mayo de 2026
Posdata: Yo casi me entero de lo que pasa en el mundo por lo que sale en internet y que vemos porque nos lo meten con bisturí. Quizá por ello no supe lo que se hizo en Madrid para conmemorar la efeméride del 2 de mayo. Es un privilegio de unos cuantos saber algo y no haber leído de ello en internet. A propósito, hay un dictador centroafricano que tendrá un resoplido de alivio a leer este artículo. Esta novela, finalmente, se escribió bajo el patrocinio del proyecto I+D+i Africanos, magrebíes y latinos en Europa. (Es algo más largo)
Barcelona, 6 de mayo de 2026
Posdata: Yo casi me entero de lo que pasa en el mundo por lo que sale en internet y que vemos porque nos lo meten con bisturí. Quizá por ello no supe lo que se hizo en Madrid para conmemorar la efeméride del 2 de mayo. Es un privilegio de unos cuantos saber algo y no haber leído de ello en internet. A propósito, hay un dictador centroafricano que tendrá un resoplido de alivio a leer este artículo. Esta novela, finalmente, se escribió bajo el patrocinio del proyecto I+D+i Africanos, magrebíes y latinos en Europa. (Es algo más largo)

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